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¿Es literatura todo lo que se publica?

En una librería de cualquier gran ciudad podemos observar que es lo que le gusta a la gente de a pié en cuestión de libros, revistas… lo que en teoría se denomina literatura. Mientras la estantería donde se expone el último Premio Cervantes, pasaría desapercibida para la mayoría si no fuera por esas letras grandes y brillantes que lo anuncian como tal; las estanterías donde encontramos libros como el de cocina de Isabel Pantoja[1] o el último libro de cotilleos de la Familia Real[2] están menos colocadas, pero mucho más concurridas.

Así, si a esa misma gente le preguntamos, quien es el último premio Cervantes[3] muy pocos pondrán decirnos que fue Antonio Gamoneda, aunque algunos más nos podrán decir de que va el libro que tiene su esposa en la mesita de noche. No obstante, si esa pregunta la referimos al último libro de Ana Rosa Quintana o la boda de la cuñada de tal, seguramente nos enteraremos de todos los detalles.

Pero sin querer ser tan dura, hay que admitir, que al final, aunque se tarde más o menos esas dos estanterías se vacían y cada lector que se mete en sus páginas disfruta a su manera.

Lógicamente no podemos comparar un libro de estilo cuidado, bello, con argumento locuaz y apasionante con un libro seco, vacío y con más fotografía que letra, igual es porque yo soy una enamorada de los libros gordos con letra pequeña y tapas oscuras. Y porque se que después, cuando acabe ese libro, tendré otro y no tendré que esperar a que Letizia y Felipe tengan otro hijo, para poder disfrutar con un libro.

La literatura se ha convertido en un mercado y el libro en un producto. En nuestra sociedad actual, en la que el fin es el enriquecimiento personal, el libro tiene que venderse y para ello, las editoriales usan todos los medios de los que disponen, gracias a una nueva ciencia a la que llaman marketing. ¿Qué pensaría nuestro querido Cervantes o el mismo Bécquer de las manipulaciones a las que nos someten estas editoriales con el fin de que acabemos comprando tal libro? Pongamos el ejemplo del “Código Da Vinci”, uno de los libros más leídos de los últimos años, incluso convertido en una película famosísima en todo el mundo. Alguien se ha preguntado alguna vez ¿Qué características han llevado a ese libro a ser número uno? Ha podido ser el estilo cuidado o la buenísima historia o quizá el morbo que conlleva todo lo religioso, lo exotérico sin pararse a pensar que la mayoría de lo contado es falso, y que existen multitud de “buenos” libros que nos cuentan la historia verdadera. También tenemos que resaltar como alrededor de estos libros surgen muchísimas publicaciones más, como setas en el bosque, que no tienen ninguna calidad, solo motivadas por el éxito y las ventas. Asimismo hay que mencionar a la crítica literaria actual, quien influida por este marketing, nos dirige a que consumamos este o aquel tipo de literatura porque les conviene.

Yo, personalmente, nunca me he dejado influenciar ni por las editoriales ni por la crítica. Entiéndanme, hay veces que no se puede escapar de su espiral y acabas leyendo cosas promocionadas, pero la mayoría de mis libros están sacados de la biblioteca familiar, cuidada y bien dotada, por pura intuición o, más a menudo por recomendaciones de gente a la que considero entendida. No me importa si han ganado premios, si son Best Sellers o si solo tienen una tirada de 200 ejemplares. He dejado de creer en esos “premios”. Para algunos la literatura es aquella que vende y los autores escriben con ese fin. Creo que en los últimos años se han dado premios buenos y premios interesados; sobretodo los de algunas editoriales que ven en esos premios una manera de hacer marketing y obtener más lectores.

Realmente podemos entender por literatura aquellos libros que duran a lo largo del tiempo, que no importa la época, ni la moda, ni las ventas para que  sea el tipo de lector que sea sienta con él y descubra nuevas cosas,  independientemente del idioma que hable o de la religión que profese.


[1] Isabel Pantoja: “Recetas con arte” Ed Plaza Janés S.A.

[2] Pilar Eyre: “Secretos y mentiras de la Familia Real: Tres generaciones de Borbones: De la tragedia del infante Alfonso al nacimiento de Leonor”.

[3] Antonio Gamoneda. Poeta

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Essay on Romeo and Juliet.

Topic: Act III, scene 1 marks a turning point on the novel, discuss.

“The tragic ending is announced in no uncertain terms, but for most readers and spectators it is the beginning of act 3 that makes the decisive turning point”. (Mehl). We know from the very beginning of the play that we are dealing with a tragical love story. In the Chorus, Romeo and Juliet’s love is characterised as “star crossed” and “death marked”. “Star crossed” has a very negative meaning. Their love has been born under the wrong star. These lovers have this doom meaning. At the same time, the love is “death marked” which clearly connects the play and the lovers with death. This connection love-death, described in the beginning of the play, is one of the themes of the tragedy.

However, in the first half of the play there are no signs of tragedy. The play stars like a comedy. We have an introduction to the family feud but in a comic style with crude and coarse jokes.

“Sampson: Gregory, o’ my word, we’ll not carry coals.

Gregory: No, for then we should be colliers.

Sampson: I mean, an we be in choler, we’ll draw.

Gregory: Ay, while you live, draw your neck out o’ the collar.”

The play continuous with good humour and peaceful harmony with the servant who has to deliver the invitations (John Mehl’s points out that in the first versions of Romeo and Juliet he was simply called clown) and also, with the nurse and Mercutio.

Mercutio: Good Peter, to hide her face, for her fan’s the fairer face”.

Mercutio: Tis no less, I tell you, for the bawdy hand of the dial is now upon the prick of noon”

As we are saying, in the first part of the play there are no elements of tragedy apart from the great chorus. Act 3 scene 1: Mercutio’s death is the turning point of the play; from here we know that this is a tragedy. The comedy of the other acts disappears, now all is a tragedy, and the worst of the tragedies: the death of young people. The murder of Mercutio is accidental, in a way Romeo is responsible for the death but accidentally. After the fight, it is impossible for Romeo and Juliet to be together.

Although they try to live their love in peace, Romeo has chosen. “The only thing that seems to be really indispensable for Elizabethan tragedy is a marked turn of fate, ending in the hero’s destruction” (Mehl). Unlike classical tragedies where the will of Gods move men in Elizabethan tragedies is the man, Romeo’s will, who changes the action. It’s Romeo who chooses. This is a very important element: the hero chooses, very often wrongly and that error brings on his fault. In a way, Romeo is responsible for his own fault and for turning the story in a tragedy.

Romeo: Oh I’m a fortune’s fool” says Romeo expressing the idea of fortune, fate and destiny playing with him like a puppet. This sentence said exactly after killing Tybalt brings on the idea of the importance of fortune and fate. After this turning point: Tybalt and Mercutio’s death and Romeo’s banishment, all the action happens very quickly. Romeo and Juliet, with Friar Laurence’s help, will fight for their love and prove that the play is a comedy. But, the prologue says that their love is “death-marked” and the play finishes as a tragedy.

In conclusion, the prologue announces a tragical love story. There is, if we omit the chorus, no evidence of an inevitable tragedy during the first few scenes until we get to Mercutio and Tybalt’s death and Romeo banishment which clearly is the turning point of the play. “The deaths of Mercutio and Tybalt are irreversible acts of violence that no comic can solution can gloss over”. (Mehl)

Bibliography:

  • CLEMEN, W: The development of Shakespeare’s imaginery Methuen, London 1977
  • MEHL, Dieter: Shakespeare’s Tragedies: An introduction. Cambridge University Press, UK 1986.

ALBA GUTIÉRREZ. 2006.

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Antonio Buero Vallejo: Análisis de “En la ardiente oscuridad”

Vamos a comentar a continuación un fragmento de primera obra de teatro de Antonio Buero Vallejo “En la ardiente oscuridad” (1946). Con el estreno de “Historia de una escalera” en 1949, Buero Vallejo abre camino a la modalidad dramática más representativa de los años cincuenta: el llamado teatro realista centrado en el compromiso político y la denuncia social, cuya presencia en los escenarios es escasa debido al problema de la censura. Buero vallejo, frente a posturas como la de Alfonso Sastre que apuesta por un tipo de teatro de agitación social, abiertamente enfrentado al poder, defiende el teatro de lo posible: El autor debe acatar ciertas normas del sistema social, así como determinadas imposiciones de la censura, para que sus obras puedan subir a los escenarios y, desde allí ejercitar su lucha contra la injusticia.[1]

Para proceder al comentario vamos a utilizar el método semiótico que atiende a lo literario como signo. Dividiremos el trabajo en tres niveles: Sintáctico, pragmático y semántico. Comenzaremos por el sintáctico.

Nos situamos ante las últimas líneas (acto tercero) de la obra de teatro estrenada en Madrid en 1950. Buero Vallejo dividió, fiel a la tradición del teatro español, la obra en tres actos que podrían equipararse con introducción, nudo y desenlace. Nos situamos ante el final de una conversación entre Pepita y Carlos, cuando está se va, porque Carlos “no quiere amistad ni paz”, Carlos, tras unos cuantos movimientos, dice sus frases finales que son un soliloquio. Para la situación de esta escena en la totalidad de la obra haremos un pequeño resumen de lo acontecido:

En el primer acto se nos plantea la situación de incorporación de un estudiante al centro de ciegos. El estudiante nuevo de llama Ignacio, el cual no se comporta como los demás “invidentes” del centro quienes tienen una “moral de hierro” que es la que les ha enseñado el director del centro, Don Pablo, también ciego. La necesidad de integración del chico es tomada como responsabilidad por el que parece el líder del grupo, Carlos.

En el segundo acto, lo que se esperaba que fuera la incorporación rápida de Ignacio no se consigue. La acción es el enfrentamiento entre Carlos- Ignacio. Ignacio adopta una posición pasiva que va ganando adeptos como Juana, novia de Carlos. Ignacio no actúa ante la moral de hierro. Carlos, en cambio, toma la iniciativa y actúa para convencer y anular a Ignacio.

En el tercer acto, el enfrentamiento se hace imposible para Carlos y soluciona este enfrentamiento asesinando a Ignacio en el campo de deportes del centro, una noche después de su último enfrentamiento. Doña Pepita, mujer de Don Pablo, lo ve todo desde la cristalera del salón donde minutos antes estaban los tres. Doña Pepita no dice nada por el bien del centro y también tal vez, porque estaba enamorada de Carlos como se dice en la obra. Se cree que Ignacio resbaló por el tobogán. Muerto Ignacio todos los que le apoyaban dejan de hacerlo y se compadecen ante el cadáver ya que “no estaba echo para la vida”. Sin embargo cuando todos se han retirado, doña Pepita increpa a Carlos su acción y este no deja de negarla aún sabiendo que Pepita lo ha visto todo. Pepita se retira diciendo a Carlos “que el no ha vencido” y en efecto eso es lo que podemos observar: Carlos “en la suprema amargura de su soledad irremediable”, dice: “… y ahora están brillando las estrellas con todo su esplendor, y los videntes gozan de su presencia maravillosa. Esos mundos lejanísimos están ahí tras los cristales… ¡al alcance de nuestra vista!…, si la tuviéramos…”.

Como hemos dicho los personajes que aparecen en la novela son Doña Pepita, Carlos e Ignacio. Doña Pepita la única que puede ver en ese mundo de ciegos y Carlos e Ignacio ambos enfrentados. Carlos defendiendo la política del centro en el que estudia, como Doña Pepita. Sin embargo en este último fragmento Carlos y Doña Pepita son oponentes. Carlos no puede soportar la compasión de dona Pepita, de la misma manera que Ignacio la podía soportar. El asesinato de Ignacio parece que decir que Carlos ha vencido, sin embargo, el monólogo de Carlos demuestra lo contrario. Carlos ya no tiene paz interior, revive los sentimientos de Ignacio, de tal manera que Carlos no vence, es como si en él está Ignacio. El final está abierto, exige una interpretación y lectura del espectador, tal y como manda este tipo de teatro.

Si pasamos al nivel pragmático debemos mencionar los diálogos y las acotaciones. Respecto al diálogo, no hay diálogo en este fragmento. Doña Pepita finaliza una conversación después de una pausa como indica la acotación. Tras la larga acotación Carlos interviene, pero para si mismo. (Soliloquio). Los puntos suspensivos finales dejan abierta la posibilidad para que los personajes, incluso el propio Ignacio intervengan. Hay una larga acotación que describe los movimientos y sentimientos de Carlos. Vamos a atender ahora a los distintos códigos que intervienen en el fragmento:

Códigos que intervienen:

  • Código verbal: “turbada”, “Una voz grave, que pronto se encandece y vibra de pasión infinita -la suya-, comienza a oírse”
  • Código espacial: “sale por el chaflán” , “la silla”, “fichas del tablero”, “cadáver”, “palidez de la faz”, “ventanal”, “luz de las estrellas”.
  • Código visual: “despojándose de la corbata”.
  • Código gestual: “inicia la marcha y se detiene”, “CARLOS se derrumba sobre la silla”, “su cabeza pierde la rigidez anterior y se dobla sobre el pecho. Su respiración es a cada momento más agitada: al fin no puede más y se despechuga, despojándose, con un gesto que es mitad ahogo y mitad indiferencia, de la corbata. Después vuelve la cabeza hacia el fondo, como si atendiese a alguna inaudible llamada. Luego se levanta vacilante, al hacerlo derriba involuntariamente con la manga las fichas del tablero (…). Se detiene un segundo, asustado por el percance, y palpa con tristeza las fichas. Después avanza hacia el cadáver. Ya a su lado en la suprema amargura de su soledad irremediable, cae de rodillas y descubre con un gesto brusco la pálida faz del muerto, que toca con la desesperanza de quien toca a un dormido que ya no podrá despertar. Luego se levanta, como atraído por una fuerza extraña y se acerca al ventanal. Allí queda inmóvil, frente a la luz de las estrellas.”, “sus manos, como las de las dos alas de un pájaro herido, tiemblan y repiquetean contra la cárcel misteriosa del cristal”.
  • Código musical: “… derriba involuntariamente las fichas del tablero, que ponen con su discordante ruido una nota agria y brutal en el momento”.

Por último atenderemos a las coordenadas en las que se mueven los personajes: espacio y tiempo. Respecto al tiempo, la configuración de la obra es lineal, no hay saltos, el fragmento analizado, como hemos dicho, se sitúa al final. El espacio si nos merece más consideración.

Espacio:

El espacio es el salón del centro para ciegos. La colocación de los objetos es muy importante para los ciegos y por eso también muy significante que Carlos tiré las fichas del ajedrez. Creo que esta es la parte de la obra en que menos distancia hay entre el público y los personajes. Todos los gestos de Carlos y las frases finales que pronuncia nos acercan más al interior al personaje y comprenderle más y por eso, creo, que le sentimos más cerca. La “cuarta pared” desaparece.

En la parte final del monólogo de Carlos. Éste se siente enjaulado en el centro “esos mundos lejanísimos están ahí, tras los cristales… ¡Al alcance de nuestra vista!…, si la tuviéramos…” Esto puede referirse a que Carlos quiere librarse de ese espacio que antes le protegía. Antes Buero Vallejo utilizaba para describir el espacio del centro como una “pecera” con “claridad submarina” pero este espacio ya no es de bienestar para Carlos. Carlos, aunque antes defendía ese mundo, ahora quiere salir y ser libre. Ese final, “si la tuviéramos…” no es una condición ineludible, no es absoluta, por eso se encierra algún tipo de esperanza en los puntos suspensivos, Carlos puede salvarse.

En esta primera obra Buero Vallejo nos presenta un conflicto sobre la ambivalencia del bien y el mal, en las posturas de Ignacio y Carlos que trascienden del tema de la ceguera a las limitaciones del hombre: la ceguera física y espiritual. Como en otras de sus obras Buero Vallejo, reflexiona sobre la situación del hombre en el mundo, afectado por la opresión, la soledad o la mentira. Algunos de estos aspectos también podrían relacionarse con la propia vida de Buero Vallejo y también con su concepción del teatro, como dijimos en la introducción.

ALBA GUTIÉRREZ MARTÍNEZ. 2007.


[1] “Lengua y literature 2” (El teatro posterior a 1936) Sociedad general española de librería 2004.

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